Este año podemos decir que el verano duró lo que dura un suspiro. Después de interminables meses de lluvia y frío, septiembre nos ha regalado algunas semanas de sol y playa.
Sin embargo, las gélidas mañanas de estos días nos anuncian la llegada de un otoño más. El bosque parece estar impaciente por vestir sus galas de invierno y va llenándolo todo de marrones y ocres; las hojas adelantan su caída; los champiñones asoman coloridos sombreros. Tengo la impresión de que el reloj de las estaciones va más rápido que en otras ocasiones.
Durante el verano, las inclemencias del tiempo y las duras jornadas de maternidad hicieron que abandonara mis proyectos de agricultura forestal. Es hora de retomar el camino y aplicar los nuevos conocimientos adquiridos gracias a la lectura.
Estas son las actividades que pretendo realizar durante los meses de otoño:
Marcar los límites de la pradera
Reconocimiento de especies y lugares.
Mantenimiento de la pradera.
Marcar los límites de la pradera
Ahora estoy eligiendo los limites del futuro bosque comestible.
Cuando es posible, dejo las zarzas ya instaladas, éstas ahuyentan las visitas poco deseadas; dan protección a muchas especies de animales y deliciosos frutos a finales del verano. En algunos lugares alcanzan más de dos metros de altura y estoy dejando una anchura de unos tres metros.
En otras zonas, hay una vieja valla metálica que me sirve de guía para marcar los límites. Ésta continúa en pie desde que fuera instalada por el anterior propietario, hace unos veinte años.
A unos tres metros de dicha valla voy a podar los árboles a una altura de poco más de un metro. Esperaré la llegada del invierno para favorecer que éstos broten en primavera; las nuevas ramas harán una buena barrera visual. He previsto que esta área tenga aproximadamente dos metros de anchura.
Estos árboles serán podados una vez cada tres o cuatro años. De este modo, impediremos que den mucha sombra a la pradera y obtendremos ramas útiles para múltiples usos.
Reconocimiento de especies y lugares.
Las amantes de setas comienzan a visitar el bosque y gracias a ellas, los caminos invadidos por las zarzas durante el verano pueden ya adivinarse entre la maleza. Aprovechamos las todavía cálidas tardes de otoño para explorar el bosque. Continuamos con la identificación de especies vegetales que habitan el lugar. Hemos encontrado:
Un pequeño tejo (Taxus Baccata).
Un Berberis o agracejo (Berberis spp.; Barbery.)
Nuevos bulbos que aún no he logrado identificar.
Un gran espino blanco (crataegus monogyna; hawthorn; aubépine).
Un gran peral silvestre (pyrus pyraster).
Mantenimiento de la pradera.
Continúo eliminando zarzas. He observado que hay que cortarlas con frecuencia hasta que comienzan a desaparecer y las gramíneas se instalan rápidamente en su lugar, siendo éstas mucho mas difíciles de eliminar que las zarzas.
Las babosas siguen creando verdaderos problemas. Este verano apenas han dejado plantas vivas, han devorado prácticamente todos nuestros cultivos. He decidido escribir un articulo a propósito de este fastidioso molusco.
A pesar de los daños que están causando, no he utilizado ninguna sustancia contra ellas. En la agricultura biológica está permitido aplicar un producto a base de oxido de hierro, sin embargo prefiero buscar soluciones más duraderas. Creemos que usando un veneno nos veremos forzados a hacerlo siempre, mientras que si dejamos a los depredadores instalarse en la pradera, éstos reducirán progresivamente el número de babosas hasta llegar a un equilibrio que nos permita cultivar sin demasiadas perdidas. Ya veremos si es cierta nuestra teoría. Aunque la población de ranas (grandes comedoras de este pegajoso animal) ha aumentado durante el verano, parece que por el momento las babosas son aún demasiado numerosas.
He aprovechado los lugares que ocupaban los cultivos de verano para sembrar abonos verdes. Entre ellos: centeno; haboncillo; avena; trigo sarraceno y facelia.