Un refugio en Andalucía

Jueves 31 de enero de 2008.

Hemos vivido un principio de invierno atípico en el Morbihan. El intenso frío ha hecho que todo el sistema de agua se haya helado y durante algunos días abastecerse de este precioso liquido ha sido una tarea dura; el calentador a gas para el agua ha explotado; el trabajo en la pradera se ha visto interrumpido por el hielo y la cabaña ha dado muchos problemas. Además, los días tan cortos de invierno han hecho imposible avanzar en el trabajo.

JPEG El estrés y el cansancio lograron afectarnos hasta el punto de hacernos preparar las maletas y adelantar las bien merecidas vacaciones del año.
Hemos encontrado refugio en un pequeño pueblo soleado de la costa almeriense, desde donde escribo.




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Cerca de San Juan de los Terreros, yendo hacia Villaricos por la carretera de la costa, encontramos una agradable playa protegida de vientos y turistas.
A ella se accede por un angosto camino cubierto de deslizantes piedras. Una vez los pies sobre la playa, podemos instalarnos tranquilamente frente al agua o bien continuar el camino durante horas; eso si, tiene que gustar pasearse entre rocas y mar.
Los días de calma, no es visitada por nadie. Situación ideal para pasar una excelente jornada de sol y playa. Hay lugares magníficos donde zambullirse y disfrutar de un refrescante baño. Además, paseando encontramos algunos animales entre los maravillosos colores del mar.

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Lamentablemente, impacta la cantidad de basura que vemos por todas partes. Compitiendo en número con la fauna silvestre, el rastro humano aparece por todos los rincones gracias a sus desperdicios. Latas de conservas y refrescos; papeles de aluminio; botellas de plástico; pañales; cartones... Por el estado que presentan, no cabe duda de que han sido olvidados y no traídos por el agua.
Pasearse por la costa un lunes es desolador, sobre cada roca ocupada por un pescador durante el fin de semana, encontramos montañitas de basura que tarde o temprano acabarán engullidas por el mar y devueltas a la orilla una y otra vez, hasta que un inocente animal las trague creyéndose afortunado y muera de axfisia o de hambre debido al falso manjar. ¿Cómo podemos ser tan guarros? ¿Cómo puede importarles tan poco el medio que les rodea y que les permite vivir un relajante domingo de pesca? Es triste ver hasta que punto estamos destruyendo el planeta.

Ante tal panorama no pude evitar adoptar esta playa y dedicar algunos ratos de mi ocio a liberarla de la basura humana, tan antinatural, peligrosa y poco estética.
Para ello, el equipo de siempre: bolsas, guantes (estos son importantes para los objetos de origen sospechoso) y mucha paciencia.

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En el mediterráneo no hay grandes mareas y encontramos zonas que rara vez son alcanzadas por el agua, donde se acumulan gran número de desperdicios. He empezado a limpiar estos rincones. Por ahora, habré recogido unos 150 litros de residuos. Sin embargo, queda muchísimo mas. No creo que pueda con todo antes del fin de las vacaciones. De todos modos, es una tarea sin fin. Cada día, empujadas por el vaivén de las olas, llegan a las costas toneladas de objetos no biodegradables que ponen en peligro la vida y destruyen el paisaje; el único responsable de esta catástrofe es el ser humano.
Un gesto tan simple como llevar nuestra basura hasta una papelera o contenedor, podría salvar muchos animales y evitar unas vistas tan desagradables como las que aparecen en las fotos incluidas a continuación.

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Nuestro tiempo de descanso llega a su fin. Volvemos a casa. El desierto queda atrás. No he conseguido hacer todo lo que había planeado. Una buena excusa para volver. Hasta el próximo encuentro.

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